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Con sólo 17 años, las preocupaciones de Amy Lewis están más allá de las materias del secundario ya que los médicos le avisaron que si sigue tomando de a tres litros de vino por día pronto va a necesitar un trasplante de hígado.

“Sé que me está matando, pero no puedo parar”, declaró la adolescente, oriunda de Chesterfield, una localidad en el condado inglés de Derbyshire. Al parecer, la chica empezó a tomar a los 12 años para encajar dentro de su grupo de colegio, donde todos la cargaban.

Pero muy pronto la bebida se convirtió en una adicción que la llevó a consumir 12 veces más de la dosis recomendada para un adulto. En su corta vida, la adolescente ya pasó por tres lavajes de estómago, y los médicos le advirtieron que necesitará un trasplante de hígado si sigue tomando así.

Hoy en día, la chica trabaja en un McDonald’s para pagar su adicción, que llega a costarle unas 200 libras semanales, o 300 dólares. A las tres botellas de vino que Amy toma cada día hay que sumarle el medio litro de vodka que consume durante el fin de semana.

La adolescente explicó que toma un litro de vino y diez medidas doble de vodka. “Salgo a tomar, no a divertirme”, aclaró la chica, quien reconoció que nunca recuerda el final de la noche y que suele perder a sus amigos.

“Una vez me desperté a 20 millas de una fiesta a la que había ido, en Derby, y no sabía cómo había llegado ahí. Fue aterrador”, relató según el sitio inglés Daily Mail. Cuando tenía 12 años tuvo su primer episodio de intoxicación por alcohol después de tomar tres litros de sidra.

Para cuando sus padres tomaron cartas en el asunto, era tarde. Amy empezó a robar dinero de la cartera de su madre para comprar vodka. “Cuando llegaba del colegio me encerraba en mi cuarto a tomar. Me sentía rebelde”, reconoció la chica.

Ahora, Amy vive con su tía en Derbyshire ya que sus padres -que están divorciados- decidieron que era mejor que se alejara de la casa. Los efectos del alcohol que lleva consumido durante estos cinco años incluyen ataques de pánico y desmayos, además de que tiene el hígado como el de un adulto de 30 años.

“Me hace sentir desagradable, pero aún así no basta para hacerme parar. A veces me despierto temblando y tengo que tomar un trago antes de ir a trabajar”, contó la chica, quien reconoce que era “sensible”, pero la bebida “arruinó todo”.

Fuente:minutouno.com


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