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Chuck Patterson, un surfero profesional estadounidense, salió este pasado fin de semana en compañía de unos amigos a practicar su deporte favorito en lo que se suponía iba a ser una jornada de diversión en las aguas de San Clemente (California) cuando, de repente, se dio cuenta de que no estaban solos: a sólo unos metros de distancia, 2 tiburones blancos los contemplaban al tiempo que daban vueltas alrededor de sus tablas. Fueron 15 minutos de tensión hasta que los escualos decidieron que ya tenían suficiente y desaparecieron sin dejar el menor rastro.

Tras una experiencia de este tipo, lo último en lo que hubiera pensado una persona sensata es en volver a hacer surf en estas costas. No fue el caso de Patterson. Al día siguiente, regresó al mismo lugar con la única compañía de su tabla, un remo y un mástil de unos 3 metros de longitud al que había ligado una cámara en uno de sus extremos. La idea era comprobar si los grandes blancos seguían por la zona y, en caso de ser así, grabarlos y llevarse a casa el vídeo de recuerdo.

Al cabo de sólo 5 minutos, hizo acto de aparición un ejemplar de casi 3 metros de longitud que comenzó a nadar en círculos en torno a su plancha. Poco a poco se fue aproximando hasta que al final estuvo tan cerca que golpeó con su cola la improvisada y poco segura embarcación y acto seguido se marchó. El vídeo que grabó mientras esto ocurría pone los pelos de punta y no entiendo como alguien puede tener la sangre fría de grabar esto y mantener la calma…

Me my Shark and I from Chuck Patterson on Vimeo.


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