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¿A quién no le han dicho alguna vez sus padres que ni hablar de bañarse al terminar de comer? Pues esas dos, o incluso tres, horas de rigor para evitar un corte de digestión eran, según apunta el jefe de Endocrinología y Nutrición del Hospital Xeral de Vigo, Ricardo García Mayor, «prescindibles».

Explica el doctor que las consecuencias más frecuentes de bañarse en agua fría son los calambres, pero que, por lo demás, no existe ningún tipo de riesgo a no ser que se vaya a realizar «un esfuerzo físico fuerte durante un tiempo prolongado». Solo en este supuesto sería recomendable esperar alrededor de dos horas para meterse en el mar. «De lo contrario pueden llegar a producirse vómitos y náuseas, pero lo mismo nadando en el mar que realizando cualquier otra actividad física en esas circunstancias», aclara.

De este modo, los chapuzones nada más terminar el postre no están, ni mucho menos, prohibidos. «No hay absolutamente ningún problema en que si unos padres llevan a los niños a la playa justo después de la comida, se den un baño en la orilla durante un rato. Es una creencia que no se corresponde con la realidad», zanja García Mayor.

Por lo demás, el verano sí influye de forma considerable en la alimentación. «Durante esta época se produce una variación de las necesidades alimenticias en el sentido de que disminuyen las calóricas y aumentan las de líquidos, todo como consecuencia de las altas temperaturas», dice el endocrino.

Por este motivo, apunta a que se debe optar por comidas ligeras, aunque sin obsesionarse, para lo cual apela principalmente al «sentido común». «Todo es relativo. Lo que hay que hacer es no comer alimentos pesados con demasiada frecuencia, no convertirlo en hábitos durante el verano, pero en días puntuales no pasa nada», aconseja.

García Mayor dice que, contra lo que se pueda pensar, el hecho de que la gente esté de vacaciones «apenas influye» en la menor necesidad de calorías «porque, desgraciadamente, la población española es mayoritariamente sedentaria todo el año». En cualquier caso, recomienda mantener las cinco comidas, aunque destaca que lo importante es mantener un esquema fijo aunque los horarios varíen en cierta medida. «Lo mínimo es desayuno, comida y cena, nunca menos. De eliminar algunas deben ser la de media mañana y la merienda de la tarde, aunque es preferible no hacerlo tampoco», concluye


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