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Al igual que en todos los aspectos de la vida, la eco-conducción cuenta con sus falsos mitos. El más conocido es el punto muerto. La creencia general sostiene que dejar caer el coche en punto muerto ayuda a reducir el consumo de combustible. Nada más lejos de la realidad. Mientras que con una marcha metida, sin pisar el acelerador, no entra ni una gota de carburante al motor, en punto muerto el gasto es de 1,5 litros por hora.

La razón es muy sencilla. Si el vehículo se mueve gracias a la inercia acumulada, giran los neumáticos, la transmisión y por tanto el motor. En un coche de inyección –siempre que rodemos a 20 km/h o más- si la centralita no detecta riesgo de calado (menos de 1.000 rpm) no inyecta nada de combustible. En el caso de los modelos de carburación, de los que quedan pocos, sí entra algo de combustible, pero siempre menos que en punto muerto. Esto es así porque sin tener una marcha metida, las ruedas están desacopladas y el motor precisa un mínimo de combustible para no calarse.

– Apagar el motor en una detención para encenderlo poco después no perjudica al motor de arranque. Eso ocurría en con los automóviles antiguos, pero no es así desde hace años: la duración media de un modelo actual es de 200.000 arranques.

– Utilizar el freno motor no siempre es necesario: no tenemos que reducir en todas las detenciones como si de una obligación se tratase. Por ejemplo, no pasa nada por frenar o acometer una curva en tercera velocidad.

– Ir con las ventanillas bajadas consume menos que el aire acondicionado. Esta es una verdad a medias, quizá en ciudad a velocidades más lentas esto sea así, pero no en carretera, donde la resistencia aerodinámica es mayor. En esos casos lo indicado es poner el acondicionado, pero siempre a una temperatura de entre 23 y 24 grados, que exige menos potencia al motor.

– Si instalo un alerón en mi coche, mejora la aerodinámica y reduzco el consumo. No es así, cualquier elemento que sumemos a la fisonomía de nuestro automóvil (al igual que una baca o un cofre) aumenta la resistencia al aire y eleva el consumo.

Lo que no se debe hacer

– Comprometer la seguridad por consumir menos combustible. Por ejemplo, nunca se deben plegar los retrovisores laterales durante la marcha. Es cierto que no llevarlos extendidos reduce el gasto de carburante, pero es extremadamente peligroso.

– Tampoco se puede circular a velocidades anormalmente reducidas por vías rápidas. Recuerda que la velocidad mínima es 60 km/h, ir por debajo de este límite está penado y resulta igual o más peligroso que circular con exceso de velocidad.

– Circular en punto muerto en las pendientes o de forma prematura en las detenciones. No sólo además no ahorramos combustible, además es peligroso.

– Pisar el acelerador cuado arranquemos el vehículo. Consume carburante inútilmente y las consecuencias pueden ser desastrosas en el caso de que nos hubiéramos dejado una marcha metida.
Ventajas de la eco-conducción

-Ahorraremos toneladas de CO2 a la atmósfera: cada granito de arena importa.
– Un gasto menor supone un bienvenido ahorro para nuestro bolsillo. En los tiempos que corren será más que agradecido.
– Circularemos de forma más segura (anticiparse, guardar una distancia de seguridad adecuada…).
– La conducción será más confortable. Es más cómodo circular fluida y tranquilamente: puede ser una buena terapia para el estrés de la gran ciudad.


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