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Cartas del tarot, bolas de cristal, péndulos, caracoles, astrólogos, médiums y videntes: una feria en París levanta un velo sobre el mundo misterioso de la parapsicología, que sigue atrayendo a millones de personas en tiempos de crisis.

Uno de cada seis franceses consulta cada año a un vidente, a un médium, a un astrólogo, o se hace tirar las cartas, leer la mano o los residuos del café, según fuentes de esta Feria del Cuerpo y del Espirítu, que se celebra en París desde hace 24 años.

“Y en América Latina, y en España, el número que consulta a expertos en las artes adivinatorias es seguramente mucho mayor”, indica Ramón Sala, un español que es uno de los organizadores de esta feria.

En un pequeño espacio, detrás de una espesa cortina de terciopelo, Didier Beltran cuenta a la AFP que desde pequeño tiene el don de ver el futuro de las personas, pero que le asustaba, a él y a sus familiares.

“Sentía cosas, se me venían imágenes, al ver a las personas. Veía instantes de su futuro, sentía cómo eran las personas”, cuenta, con voz suave. “A veces me daba miedo, porque podía sentir cosas muy tristes que les iban a pasar. Y no quería tener este don”.

Hasta que decidió ponerlo al servicio de la gente, sus clientes, que le piden que les diga su futuro: si van a hallar el trabajo que buscan, o si regresará el cónyugue que los ha abandonado, o si tendrán un hijo, o si volverán a encontrar el amor.

“Un verdadero vidente es un artista. Así como hay gente que nace con un oído para la música y otros con un don para la pintura, o las matemáticas, hay gente que tiene un don especial para ver el futuro”, afirma Cécile Laligan, encargada de prensa de esta feria.

Este fin de semana se veían en la feria sobre todo mujeres, cuyas preguntas giraban en su mayoría en torno al mundo sentimental y familiar.

“Yo voy a un vidente una vez al año, sobre todo en un periodo donde me siento confusa, donde no veo las cosas claras, ya sea en mi vida profesional o personal. Siento que ellos me abren pistas”, dijo a la AFP Maude, una asistente de dirección de una gran empresa francesa, que sólo dio el nombre de pila.

Alrededor de 40% de los asistentes a la feria son hombres, desde jefes de empresa hasta estudiantes, pasando por jóvenes desempleados, precisó Laligan.

“Los hombres traen otras inquietudes, sobre todo laborales, profesionales”, confirmó otro experto en las artes adivinatorias, Monsieur Olivier, que cobra, como Beltran, un promedio de unos 80 a 100 dólares por una hora de consulta.

“Acabo de atender a un jefe de empresa”, dijo Olivier, que nota que con la crisis ha aumentado bastante este número de consultas.

Ramón Salas reconoce que en este medio -donde no se requieren diplomas, ni formación- “abundan los charlatanes”.

“Pero nosotros tratamos de reducir su presencia al mínimo”, dijo, admitiendo que este mundo puede ser fascinante, pero tiene también su faceta oscura.

“Nosotros prohibimos terminantemente que los participantes en la feria hagan daño. Por ejemplo, no se admite a gente que ofrece hacer daño a la mujer que le robó el marido a una clienta, etc.”, dijo.

Aunque es un mundo que sigue fascinando a muchos, la crisis también le ha pasado factura. “Cuando no hay plata, no hay plata. Y en tiempos de crisis, lo primero es qué poner de comer en la mesa”, concluyó Salas.


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