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  • En: Sin categoría
  • Fecha: ene 13,2010


Los premios Darwin son unos veteranos galardones que se conceden anualmente desde hace 14 años a las muertes más curiosas y que, según reza su lema, “ayudan a mejorar la raza humana con la eliminación accidental de algunas personas de ella”.

Pueden parecer fruto de la retorcida mente de algún guionista de Hollywood o sonar a leyenda urbana esparcida por Internet, pero las disparatadas historias que cada año se premian son absolutamente verídicas y publicadas en los medios más prestigiosos.

Los ladrones más torpes del mundo
Dos ladrones belgas que pretendieron volar con dinamita las puertas de un banco y terminaron volando todo el edificio se han convertido en los merecidos ganadores de la última edición.

Su pericia en el cálculo les ha costado la vida y es que, como bien dicen algunos de los internautas que han participado en la votación, “más es menos”.

Los candidatos de 2009
Otros serios candidatos que finalmente se han quedado en el camino son, por ejemplo, un inglés que intentando echar a bajo un cobertizo terminó sepultado o un ruso que murió tras participar en una maratón sexual de 12 horas en la que utilizó Viagra para mantenerse activo.

El favorito de los internautas, sin embargo, es un hombre que, estando sólo en un convoy de metro en Berlín, decidió que sería una estupenda idea romper uno de sus cristales. Sin embargo, la genial ocurrencia terminó en desastre cuando el joven lanzó su pie contra el vidrio con tan mala suerte que terminó siendo expulsado del vagón por la velocidad.

Muy de cerca le sigue un ladrón que, junto a un compañero, entró a robar en una tienda disfrazado. James T., de 23 años, no debió leer las advertencias del fabricante y utilizó un bote de pintura dorada en spray (especialmente tóxica) para cubrir su rostro. El joven no pudo soportarlo y falleció poco después del cometer el atraco.

Tampoco se queda atrás la muerte de un joven ucraniano estudiante de química que tenía la mala costumbre de dejar su chicle en botes de ácido cítrico mientras trabajaba (supuestamente para darle un sabor más penetrante) y que mezcló por error su goma de mascar con una sustancia explosiva.