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Los discos duros actuales son baratos debido a la enorme capacidad de almacenamiento que ofrecen. Pero al estar construidos con partes móviles, tienen un riesgo mayor de averías. La solución es la tecnología SSD.

Tanto los Pen drive, llave USB o tarjeta de memoria, como queramos llamarlos, son dispositivos tecnológicos que conocemos y utilizamos de forma cotidiana para guardar archivos de texto, música, fotos o vídeo. Pero existen otros dispositivos de almacenamiento denominados SSD (Solid State Drives, Discos de Estado Sólido), desconocidos para la mayoría de los consumidores domésticos de informática.

Sin embargo, tanto los SSD como las llaves USB y las tarjetas de memoria tienen algo en común: son medios de almacenamiento alternativos a los discos duros convencionales y se basan en tecnología Flash, que se caracteriza por no tener partes móviles.

Los discos SSD son los modernos sustitutos de los tradicionales discos duros (HDD, Hard Disk Drives) que se encuentran en cualquier ordenador sobremesa o portátil. Los HDD se basan en tecnología magnética, tienen partes móviles y por tanto pueden fallar con mayor facilidad. Frente a ellos, los nuevos discos SSD no tienen partes móviles, son muy resistentes a los fallos bajo cualquier condición, generan menos calor, no emiten ruido y consumen menos energía.

Pero además, los discos SSD no sólo ofrecen espacio de almacenamiento, sino que al integrarse en un viejo PC o portátil aceleran enormemente los tiempos de carga del sistema y de las aplicaciones , por lo que también están pensados para optimizar el rendimiento de nuestro sistema sin tener que comprar un ordenador totalmente nuevo.

Kingston, compañía fabricantes de este tipo de soporte, asegura que pronto este tipo de memorias sustituirán a los tradicionales discos duros magnéticos. Además, su pequeño tamaño les hace idóneas para netbooks y ordenadores portátiles.

Entre las principales características de los discos SSD destacan:

– Fiabilidad y robustez. Menos probabilidades de fallo y mayor resistencia a golpes, vibraciones y temperaturas extremas, algo clave para los ordenadores portátiles.
– Velocidad. El arranque del sistema operativo y el acceso a las aplicaciones es mucho más rápido, se acelera enormemente la lectura y escritura de datos y se reducen los cuellos de botella. Los tiempos de búsqueda se miden en microsegundos frente a los milisegundos de los HDD.
– Silenciosos y menos contaminantes: evitan ruidos, reducen el calor y consumen menos energía, ampliando la autonomía de los portátiles hasta en 30 minutos.
– Compatibilidad. Soportan todos los sistemas operativos y funcionan con la misma interfaz que los discos duros convencionales, por lo que no hay que cambiar nada en el ordenador y pueden combinarse con los HDD.
– Amplia gama de opciones de almacenamiento: Desde los 32 hasta los 256 Gb, y muy pronto 512 Gb y hasta 1 Tbyte. Capacidades válidas para la mayoría de las PYMES y entornos domésticos


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