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Con seis años te sacaron del odio y la violencia para darte amor y comprensión. ¿Cuántos miles de niños hubiesen deseado una oportunidad como la que te dieron?
Intuyo el esfuerzo, el tesón y la ilusión de tus padres adoptivos para poder tenerte junto a ellos.
Puedo imaginar la alegría que tuvieron el día en que tu hermana y tú entrasteis en sus vidas.
Por experiencia sé –porque hasta hace unos días, justo hasta que a ti «se te fue la mano» con «mi pulgui», yo era padre– los momentos de alegría y felicidad que les habrás proporcionado. Supongo que los mismos que me proporcionó «mi pulgui» a mí.
Yo recuerdo esas mañanas del día de Reyes, al igual que tus padres las recordarán. Recuerdo el soplo de unas velas que solían ir sobre una tarta año tras año, igual que ellos lo recordarán.
Pienso que como padres siempre se habrán preguntado lo que serías el día de mañana. ¿Sabías que «mi pulgui» quería ser veterinaria? Pues lo descartó para no tener que verse en la tesitura de sacrificar un animal.
Es curioso. En el fondo, tanto tus padres como yo teníamos las mismas ilusiones y los mismos objetivos: criar a unos hijos que valorasen el amor y el respeto al prójimo.
Yo sé que lo conseguí, y tú, si tan amigo eras de mi niña, también lo sabrás.
Espero, deseo, y te lo digo de corazón, que el fracaso que tus padres han tenido con tu educación sea recompensado con el amor y las alegrías que tu hermana les pueda proporcionar.
Quiero que sepas que, aunque las ilusiones y objetivos al criaros fueran semejantes, el resultado ha sido muy diferente. Mi pulgui se ha ido –bueno, me la has quitado–, dándome amor y respeto. En total, han sido 16 años, 11 meses y un día de ofrecerme felicidad, bondad y ternura.
Tú te has quedado, no sé por cuánto tiempo. Pero aunque vivieses cien años, no se los cambiaría a tus padres ni por diez minutos de la humanidad de mi niña.
También quiero que sepas que he leído en la prensa que tus padres se han marchado del barrio. Por mi parte, no hay ningún rencor hacia ellos. Llevo muchos días machacando mi cerebro –precisamente porque a ti «se te fue la mano»– y he llegado a una conclusión; y es, aunque sea muy duro decirlo, que prefiero tener a un ángel como «mi pulgui» en el cielo que a un demonio como tú en mi familia.
Espero que «no se he ma haya ido la mano» con esta carta, pues mi intención no ha sido ofender a nadie.
Sólo sé una cosa: lo que yo crié, mimé, amé y adoré durante 16 años, 11 meses y un día, tú presuntamente me lo quitaste en unos minutos. Quiero que durante el tiempo que vivas, y aunque sean cien años, pienses en lo injusto que has sido y en que, como eres joven y además tan machote, seguramente algún día tendrás descendencia; cuéntales a ellos lo que conseguiste hacer con tu hombría.
En memoria de «mi pulgui». Siempre te amaré, hija mía.


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  • Un Comentario for "Carta de Andres Blandon al asesino de su hija"

    1. Ego T septiembre 2nd, 2012 at 16:09

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