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Para muchos resulta fácil entender que no todo lo que brilla es oro, pero incomprensible por qué todo lo que tenga forma de urinario, en realidad, no es un urinario.

Vassiliy Kovalchuk, de 48 años, confundió el museo con un baño y orinó en uno de los modelos que se exhibían a propósito de una muestra sobre la historia del retrete. El próximo baño que usó fue el de la comisaría de policía a donde llegó tras las denuncias de los curadores de la muestra.

“No me había dado cuenta que eran sólo para mirar”, señaló Kovalchuk, quien añadió a la muestra dos elemento infaltables si se pretende dibujar la historia del toilette: el olor y el líquido amarillento.

“Me dijeron que los visitantes debían usar los baños públicos. Quiero que me devuelvan el dinero”, añadió Kovalchuk, gracias al cual todos los toilettes que se exhiben en este museo de Kiev llevan un cartel que advierte “no usar”.